Por Redacción
Ciudad de Mexico, 15 de marzo de 2026.- Organizaciones civiles mexicanas solicitaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) vigilar la situación del desplazamiento forzado interno en México, un fenómeno que ha afectado a casi 30,000 personas solo en 2024 y que está vinculado a la disputa territorial del crimen organizado. La petición se da en un contexto donde el Estado mexicano reconoció parcialmente su responsabilidad en la ejecución extrajudicial de Bonfilio Rubio Villegas, mientras que en otro caso judicial, la Fiscalía federal fue señalada por presentar pruebas insuficientes que llevaron a la absolución del único detenido por el asesinato del activista Samir Flores Soberanes.
La solicitud a la CIDH busca que el organismo internacional supervise y documente el desplazamiento forzado, un problema que, según datos recopilados, ha dejado alrededor de 390,000 personas desplazadas entre 2016 y 2024. Los estados de Morelos y Guerrero se encuentran entre las entidades más afectadas por este fenómeno, que se origina principalmente en contextos de violencia y disputas entre grupos del crimen organizado.
En paralelo, el Estado mexicano, a través de sus representantes, reconoció parcialmente su responsabilidad en la ejecución extrajudicial de Bonfilio Rubio Villegas y propuso un acuerdo amistoso para reparar el daño. Sin embargo, la familia de la víctima exige un reconocimiento expreso de la responsabilidad de las fuerzas armadas en el hecho, lo que ha complicado el proceso de justicia.
Este caso contrasta con la investigación del asesinato de Samir Flores Soberanes, activista opositor al Proyecto Integral Morelos, donde la Fiscalía federal presentó pruebas consideradas insuficientes, lo que resultó en la absolución de Javier ‘N’, único detenido. Durante el proceso, se reportó el asesinato de dos testigos clave y se documentaron contradicciones en las declaraciones de agentes ministeriales, lo que ha generado críticas hacia la efectividad de las investigaciones.
El crimen organizado trasnacional en México, que incluye múltiples actividades ilícitas más allá del narcotráfico y en el que, según análisis, participan entidades legales y estatales, es señalado como uno de los principales detonantes de la crisis de desplazamiento forzado. Las organizaciones civiles argumentan que la respuesta estatal ha sido insuficiente para proteger a las comunidades y garantizar el acceso a la justicia, tanto para las víctimas de desplazamiento como para los familiares de personas ejecutadas extrajudicialmente.
La atención internacional que podría generar la CIDH sobre el desplazamiento forzado presiona al gobierno mexicano a implementar políticas públicas más efectivas y transparentes. Mientras tanto, los casos de Rubio Villegas y Flores Soberanes ejemplifican los obstáculos sistémicos que enfrentan las víctimas de violencia en su búsqueda de verdad y reparación, en un país donde la impunidad y la complejidad del crimen organizado siguen siendo desafíos centrales para la seguridad y los derechos humanos.