Por Redacción
Ciudad Del Vaticano, 22 de marzo de 2026.- El Papa León XIV condenó enérgicamente los conflictos bélicos actuales al calificar la muerte y el dolor que provocan como un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios. Durante el rezo del Ángelus desde el Palacio Apostólico en la plaza de San Pedro, el Pontífice hizo un llamado urgente a no permanecer en silencio ante el sufrimiento de las personas indefensas víctimas de estas confrontaciones.
En sus declaraciones públicas, León XIV señaló que lo que hiere a las víctimas de la guerra lacera a toda la humanidad. El Sumo Pontífice renovó con fuerza su llamamiento para perseverar en la oración con el fin de que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz, los cuales deben estar fundados en un diálogo sincero y en el respeto de la dignidad de toda persona humana.
El líder de la Iglesia Católica se dirigió también a los fieles reunidos y a aquellos que siguen sus mensajes, destacando el papel histórico de la comunidad creyente. A través de ustedes, Dios ha preparado, en las décadas pasadas, un gran pueblo de la paz, que precisamente en este momento histórico está llamado a servir de contrapeso y de contención frente a tantos sembradores de odio que hacen retroceder a la humanidad hacia formas de barbarie y de violencia, expresó el Papa.
Las intervenciones del Pontífice se produjeron en un contexto marcado por la tensión internacional, haciendo referencia al sufrimiento en Medio Oriente y otras regiones. Aunque las noticias vinculan indirectamente estas declaraciones con la crisis desatada tras un ataque estadounidense e israelí a Irán, el texto de las alocuciones del Papa no cita expresamente a los países involucrados ni detalla el conflicto específico, manteniendo un enfoque en el principio universal de la paz y la dignidad humana.
Previamente a este acto central, el Papa León XIV sostuvo un encuentro con el movimiento de los Focolares, reforzando su mensaje de unidad y reconciliación. Las palabras pronunciadas este domingo subrayan la postura de la Santa Sede frente a la escalada de violencia global, instando a la sociedad a actuar como un freno moral contra quienes promueven la discordia y el retroceso civilizatorio.