Ciudad De México, 10 de junio de 2026.- El ex agente de la CIA Phillip Agee, quien trabajó para la agencia en Ecuador, Uruguay y México antes de renunciar en 1969, probó la colaboración de los presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, así como del alto funcionario Luis Echeverría Álvarez, con la Central Intelligence Agency. Estos hechos fueron dados a conocer tras una entrevista realizada en Londres en 1975 por el escritor ecuatoriano Jaime Galarza.
Agee explicó que la CIA apoyó a fuerzas internas que subvertían el orden mediante diversas tácticas. Según el exagente, estas incluían “financiando protestas, publicando noticias falsas, desprestigiando a líderes honestos, estimulando intrigas políticas, azuzando la división en organizaciones de izquierdas, y apoyando a sectores reaccionarios que realizaban acciones terroristas en nombre de tales organizaciones para que fueran atribuidas a ellas”.
Como ejemplo de la publicación de noticias falsas, en junio de 1967 la revista U.S.News & World Report difundió un editorial que afirmaba: “en México se prepara una nueva revolución de corte comunista”. La vinculación entre altos funcionarios mexicanos y la agencia quedó evidenciada también en lo personal; Winston Scott, jefe de la estación de la CIA en México, se casó el 24 de diciembre de 1962 teniendo como padrino al presidente López Mateos y como testigo al entonces secretario de Gobernación, Díaz Ordaz.
Desde junio de 1968, la estación dirigida por Scott producía informes casi diarios sobre la comunidad universitaria y el gobierno de Díaz Ordaz. En ese contexto, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, y el jefe de Seguridad Federal, Fernando Gutiérrez Barrios, habrían asegurado a Scott que “la situación estará bajo completo control en breve”. Paralelamente, en vísperas de los Juegos Olímpicos, el director del FBI, Edgar Hoover, declaró que grupos comunistas preparaban “actos subversivos”.
La tensión escaló cuatro días antes del 2 de octubre de 1968, cuando el director de la CIA, Richard Helms, aterrizó en México. Junto con el embajador Fulton Freeman, Helms emplazó al secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán, para que declarara el estado de sitio, petición a la que el general se negó.
La violencia culminó en la Plaza de las Tres Culturas. En la mañana del 3 de octubre de 1968, camiones del ejército seguían recogiendo cadáveres de jóvenes acribillados durante los eventos del día anterior.