Canterbury, 27 de marzo de 2026.- Sarah Mullally fue entronizada este miércoles como la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la máxima autoridad de la Iglesia anglicana. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de Canterbury, considerada la cuna espiritual del cristianismo en Inglaterra, donde la religiosa de 63 años recibió el báculo que simboliza su nuevo liderazgo sobre una comunión de aproximadamente 85 millones de fieles.
Mullally, quien anteriormente se desempeñó como obispa de Londres y trabajó como enfermera antes de ordenarse ministra en 2001, asume la primacía en un momento complejo para la institución. Su nombramiento, confirmado oficialmente en octubre de 2025, representa un cambio histórico para la Iglesia fundada en 1534 por Enrique VIII, la cual permitió la ordenación de mujeres como sacerdotes en 1994 y como obispas en 2015.
El acto de entronización contó con la presencia de los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, así como de invitados de distintas religiones, incluyendo representantes de credos cristianos, judíos, musulmanes e hindúes. Durante la ceremonia, Mullally se mostró emocionada al recibir las insignias de su cargo, en un evento que resaltó la creciente participación femenina en la jerarquía eclesiástica durante las últimas décadas.
A pesar del carácter histórico del nombramiento, la nueva arzobispa enfrenta tensiones internas dentro del anglicanismo. Existe un movimiento conservador, con fuerte presencia en África, que se opone a la ordenación de mujeres y a la bendición de matrimonios igualitarios. Liderados por figuras como el arzobispo ruandés Laurent Mbanda, sectores disidentes han llegado a declararse como la verdadera representación de la comunión, lo que plantea el riesgo de un cisma.
En su primer sermón como primada, Mullally evitó abordar directamente las divisiones doctrinales o mencionar específicamente al movimiento separatista. En su lugar, optó por un mensaje centrado en la paz global y la reconciliación, haciendo alusiones a conflictos en diversas regiones y llamando a la unidad sin entrar en confrontaciones políticas inmediatas.
La transición de poder ocurre tras la renuncia de su predecesor, Justin Welby, quien dejó el cargo en 2024 acusado de no investigar debidamente casos de abuso sexual infantil dentro de la iglesia. Con su investidura, Mullally se convierte en la 106ª persona en ocupar la sede episcopal más antigua de la Iglesia de Inglaterra, asumiendo el reto de liderar una institución que reporta apenas un millón de practicantes regulares en Gran Bretaña.