Mahahual, 17 de junio de 2026.- Académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) analizan el modelo de cruceros en Quintana Roo, señalando que esta actividad deja escasos beneficios económicos para las comunidades locales y representa una amenaza para el ecosistema marino. José Antonio Barragán Ojeda, catedrático de la UNAM en Mérida, afirma que las navieras que recorren los océanos son muy pocas y concentran todas las ganancias.
“Después de hacer análisis estadísticos, me di cuenta de algo que ya se ha documentado desde hace mucho tiempo: que los cruceros son un oligopolio”, declaró Barragán Ojeda. El investigador indica que, aunque el turismo de cruceros es uno de los segmentos que más crece en México en años recientes, el perfil de los turistas corresponde a adultos extranjeros de países occidentales, Japón o China, de entre 45 y 70 años, y ningún crucero sale desde territorio mexicano.
Mahahual, un antiguo poblado pesquero de unos 2.600 habitantes, se ha convertido en un ejemplo de lo que no debería pasar con este tipo de turismo. Durante más de dos décadas de operación del puerto Costa Maya, inaugurado en 2001, la localidad ha estado en completo abandono. En la zona hay calles sin pavimentar o gravemente deterioradas, cortes diarios del servicio eléctrico, poca infraestructura y una crisis por la gestión de residuos y basura.
El control administrativo del puerto Costa Maya está en manos de Royal Caribbean desde 2025, tras ser gestionado hasta ese año por el grupo ITM, del empresario Isaac Hamui Abadi y su familia. Recientemente, la propuesta de construir un parque acuático en el puerto desató una oleada de reacciones. Se cuestionó la rapidez con la que la naviera consiguió los permisos para cambiar el uso de suelo en el municipio de Othón P. Blanco, en Chetumal, así como el impacto ambiental que tendría la instalación del complejo en un lugar que reúne arrecife, manglar y más de 300 especies.
El proyecto del parque acuático fue cancelado tras una discusión que llegó incluso a Palacio Nacional. Las promesas de inversión para las comunidades locales a cambio de convertirse en un puerto de cruceros han sido, hasta ahora, incumplidas. En su análisis de 2020, Barragán Ojeda señaló que el turismo de cruceros genera una derrama económica importante, “pero con un coste ambiental considerable”.
La situación ambiental en la región se complica ante las expectativas de los investigadores de la UNAM, quienes esperan hasta 40 millones de toneladas métricas de biomasa de sargazo en el Atlántico en 2026.